lunes 2 de mayo de 2011

Sábato, necrológica de un oscurantista

Teníamos pensado escribir algo sobre "el tío", como lo quieren lavar demasiados intelectuales.

Teníamos pensado glosar algunos de sus ensayos para intentar, si no convencer de lo contrario, al menos matizar esa opinión tan generalizada acerca de que Ernesto Sábato era "progresista", "defendió como nadie los Derechos Humanos y la democracia".

Teníamos pensado hacer eso... pero nos encontramos con ésta nota, que ya lo ha hecho y de manera contundente.

Copiamos algunos párrafos que, creemos, ilustran nuestra posición. No vamos a "hablar" de los apoyos a las dictaduras, ni almuerzos con genocidas, tampoco vamos a hacer juicios estéticos (que como sabemos, son juicios de valor). Vamos a citar algunos párrafos
de esta nota, que citan, a su vez, algunas posiciones filosóficas, éticas y epistemológicas de Sábato con la esperanza de hacer dudar, aunque sea un poco, de ese "progresismo".
Pero Ernesto Sábato no fue un ser despreciable sólo por su apoyo a las dictaduras que le ofrecían almorzar con asesinos mientras desaparecían sus colegas y vecinos. Su producción intelectual en el campo del ensayo lo muestran como un líder del oscurantismo, y del cual se desprende su odio hacia la sociedad y el bien común.
Sábato es el neo-ludita argentino o el Schopenhauer criollo, tiene una larga militancia contra la ciencia y la razón, a pesar de su doctorado en física. Su pensamiento romántico lo expone en el ensayo La Resistencia, que supuestamente se configura como una defensa del ser humano y de la vida. Sin embargo se trata de un alegato contra la ciencia, la técnica, la razón y la solidaridad, y se encamina a favor del oscurantismo y del individualismo.

(...)

No deja de cuestionar a la medicina “occidental” tildando de mito a la separación entre alma y cuerpo para tratar las enfermedades, a las cuales considera una moda que cambia según las ganas de los médicos, los cuales usarían la tecnología como un ritual:
La medicina es una de las áreas donde puede verse una contraola que golpea esta trágica creencia en la abstracción.” ”Pero durante mucho tiempo subsistió en ellos (los médicos) el fetichismo por las máquinas, la razón y la materia, y se enorgullecían de los grandes triunfos de su ciencia, por el solo hecho de haber reemplazado el auge de la viruela por el del cáncer.” (pp. 24).
Al fin de cuentas es más probable que una diarrea sea producida por el pavor de un conflicto personal que por no sé que microbio de esos que están en boga.” (La Robotización del Hombre y Otras Páginas, 1981, pp. 16)"

(...)

Pero, su mayor esfuerzo lo hace al copiar a Nietzsche y a Schopenhauer para plantear como un valor negativo a los ideales del progreso (ciencia, razón, secularización) aunque proponiendo contraposiciones falsas: la ciencia vs. la vida, el arte y el mito. Sin embargo oculta que el arte o el mito no son disciplinas para adquirir conocimiento. Todo esto para denunciar que en nuestra sociedad la razón, la ciencia y la técnica están sobre valoradas, lo cual sería un condicionante del supuesto detrimento de lo subjetivo, los sentimientos, los afectos y las pasiones.

En un reportaje televisivo Sábato afirmó que:
La inteligencia no sirve para nada. Sirve para demostrar teoremas, para fabricar un telescopio, para hacer cosas, incluso cosas así muy gigantescas como esos aparatos que usan los americanos ahora que mandaron un cohete a no sé donde para no sé qué.” “La ciencia y la técnica han servido para arruinar el planeta. Si este país, y en general nuestra civilización, se van a salvar, no va a ser por la ciencia, que lo único que ha hecho hasta ahora es destruir el planeta”. (Aldao. El Ojo Ecéptico 9/10)

Mientras que retoma esta idea en La Resistencia:
Aquella ciencia que iba a dar solución a todos los problemas físicos y metafísicos del Hombre contribuyó a facilitar la concentración de los Estados gigantescos, a multiplicar la destrucción y la muerte con sus hongos atómicos y sus nubes apocalípticas.” (pp. 98). “Esta crisis no es la crisis del sistema capitalista, como muchos imaginan: es la crisis de toda una concepción del mundo y de la vida basada en la idolatría de la técnica y de la explotación del Hombre.” (pp. 99).

La nota completa, acá.

domingo 3 de abril de 2011

Una "lucha" de moda...

Leemos un artículo bien interesante de Marcelo Padilla, sociólogo mendocino, que plantea la cuestión blanco sobre negro al respecto del tema de la minería y los (mal) llamados "movimientos sociales" a su alrededor.

El párrafo que, en nuestra opinión, lo sintentiza:
Está asociado a lo negativo, por más adjetivaciones que la acompañen, como por ejemplo: “minería sustentable” o “minería no contaminante”. Nombrar la palabra ya es un insulto o un pecado, especialmente para cierto progresismo. Es más, hay militantes contra la minería que no les importaría un joraca si ésta se prohibiera bajo un modelo de acumulación neoliberal clásico. Es como los que luchan solo por los derechos de los paralíticos, como si bregar por tales derechos no estuviera ligado a todo un sistema, a una “totalidad” social que construye un sentido político según el rumbo de un modelo económico.
Artículo completo, acá.

jueves 17 de marzo de 2011

La campaña blogueril por la "libertad de pronósticos de inflación"

Me van a gritar fascista de izquierda, de derecha, stalinista, hitlerista, ya lo sé: me importa tres carajos.

Ahora hay “campañas” (acá, acá y acá - nótese cierto perfil compartido entre los promotores de la campaña) por la libertad de expresión, dicen. Que tienen derecho a decir lo que quieran, como quieran y cuando quieran. Basados en el argumento liberal clásico (tan caro a los economistas de un amplio espectro ideológico/teórico) argumentan que ellos (individuos libres) o cualquier otro sujeto tienen el derecho de proclamar que la inflación (es el caso concreto que usan) del mes x del año z ha sido de y%. Donde los limites inferiores y superiores de y los ponen ellos mismos. Muy bien, sea. Es cierto, ellos “como individuos abstractos” tienen ese derecho.

Pero el problema es que la sociedad (mal que les pese a los amantes del homoeconicus) no está “compuesta” de individuos abstractos. Hay individuos concretos y hay sujetos que no son individuales. Y no son lo mismo.

Es cierto Llach, Luciano y Sam pueden decir que la inflación ha sido del 100.000.000%. Esa afirmación, pronunciada como individuos, tiene escaso peso, escasa repercusión en el movimiento real de inflación, en la generación de expectativas e incluso en la acción de los sujetos respecto a la inflación. Quiero decir: porque Llach diga que la inflación es y, la CGT no va a salir a pedir aumentos de y%.

La cosa cambia cuando el emisor del y=100.000.000% es una “prestigiosa consultora” o cuando los pronósticos (más bien, las adivinanzas) de las “prestigiosas consultoras” o de los “gurúes” son tomadas, masificadas y convertidas en “hecho” por los medios de comunicación. Ahí SI que cambian las expectativas de la inflación, ahí sí que un discurso producido de determinada manera, en determinadas condiciones (condiciones que no son abstractas ni idénticas para todos los individuos), tiene impactos diferenciales sobre la realidad.

¿Qué está en el fondo de la concepción de “digo lo que quiero, bolaceo la inflación que quiero y nadie tiene derecho de aplicarme sanciones”? El axioma liberal más clásico y descarnado. La idea de que todos los individuos (o sujetos) tienen poca o nula influencia en la determinación de las expectativas de inflación (por usar una variable "concreta"). Como todos los sujetos “valen” poco no importa que diga cada uno: el efecto total será bajo. O lo que es lo mismo: todos los sujetos “valen” igual con lo cual “cancelar” el efecto de un pronóstico de 100% de inflación es sencillo: emitir un discurso que diga que va a haber deflación del 100%.

Si les parece muy filosófico pensémoslo así: imagínense que la influencia de los sujetos (privados, no metemos al sector público) sobre las expectativas de inflación (esa variable que tanto les gusta) pudiera representarse como una media aritmética ponderada de su “importancia”. Llach y Luciano, etc. tendrían un ponderación baja. Clarín, La Nación, Bevacqua, Lavagna, etc… tendrán una ponderación mucho más elevada. Ergo… no es lo mismo, no tiene el mismo impacto lo que dice Elemaco que lo que difunde Clarín.

Ese, creo, es (o debería ser) el núcleo duro de una Ley de Medios o en este caso a la potencial multa a las consultoras. No está dirigida a Llach o a Luciano… está dirigida a Clarín, La Nación y a los operadores y consultoras "prestigiosas" (como la de este muchacho Salvatore)… ¿Tan difícil es de entender? Quédense tranquilos muchachos que no los van a venir a multar a ustedes…

(Bueno, a Llach por ser de LN, quizás si, jeje).

miércoles 24 de noviembre de 2010

Salarios y pacto social... o mejor, salarios e inflación

Lucas (ex Rollo) escribió sobre salarios e inflación. Armó un lindo grafiquito de curvas donde intenta captar con el modelo de expectativas racionales el impacto de un “Pacto Social”. Para ello arma una curva de inflación “esperada” por los sindicatos, es decir, en función de la cual “ajustarán” sus demandas. Arma, además, otra curva de inflación real. La conclusión: “¿Es inviable entonces un Pacto Social? Lo que debería quedar claro a estar altura es que sin mover la línea azul no hay Pacto Social posible” (Lucas dixit). Se entiende por "pacto social" algo así como un acuerdo entre el gobierno, empresarios y sindicatos acerca de los aumentos salariales. En fin, que la muchachada organizada se quede tranqui.

Pero… el problema del “modelo” está (cómo suele pasar) en un supuesto (no demasiado) implícito: que los salarios, mejor dicho, que los aumentos de salarios inciden sobre la inflación. "Según cuál sea el aumento salarial, habrá una determinada inflación. Desde luego, la inflación no depende solamente de los aumentos de salarios, pero obviamente influyen, tanto por costos como por demanda." (dice Lucas).

¿Hay relación entre salarios e inflación? Planteado de manera más elegante: ¿existe una correlación significativa entre ambas variables? Asi que, tratemos de aproximarnos muy superficialmente a la cuestión.

Veamos: acá están los gráficos de las tasas de variación del IPC (INDEC) y del IVS del sector privado registrado y el sector público (los que uno entendería que están más encuadrados en organizaciones gremiales) entre noviembre de 2001 y abril de 2010.


No parecieran moverse ni parecido...

Veamos: además, acá están las correlaciones entre las tres variables. Bajas, por no decir nulas. Y además, no significativas ni a un p-valor del 0,1.

0,13 entre el la tasa de variación del IPC y la de los salarios privados registrados y -0,091 (NEGATIVA) entre la misma tasa del IPC y la de los salarios públicos registrados.

Para los que se pongan quisquillosos van las mismas correlaciones, pero hasta diciembre de 2006. O sea, antes de la “patota interventora, violenta y truchadora”.


Lo mismo. No hay correlaciones significativas.

Quizás sea una burrada de sociólogo. Pero así a la que te criaste no pareciera haber demasiada relación. Pero lo cierto es que tampoco dan si uno arma un modelito VAR con varios rezagos… algún día expondremos esos resultados…

Eso nomás.

lunes 1 de noviembre de 2010

La distribución ¿funcional? del ingreso (1)

Volvemos al ruedo después de demasiado tiempo, intentando revitalizar el blog y, por si fuera poco, en condiciones de gran tristeza. No vamos a ahondar al respecto; sobresalientes, excelentes, buenas, regulares, malas y pésimas necrológicas han aparecido en la blogósfera como para andar sumando todavía más letras al dolor –de la mayoría- y a la alegría –de la minoría-.
Extrañamente, nos pegó la inspiración (no demasiada, tampoco se vayan a creer) en este momento triste. Vamos a plantear la cuestión directamente: se ha planteado repetidamente que uno de los logros de este gobierno ha sido las sustanciales mejoras en la distribución del ingreso (en ambas “mediciones”: personal –Gini- y funcional –salarios/VAB). Así es que nos metimos a revolver en esta cuestión.
Empezando a revisar algunas discusiones alrededor de estos temas es que se nos han presentado una serie de problemas, digamos, teórico-metodológicos. Nos pareció interesante intentar poner algunos de estos problemas por escritos, compartirlos, en este primer momento de aproximación al problema y al mismo tiempo en que van surgiendo, momento que uno podría llamar “desprejuiciado”. Lógicamente, el avance posterior podrá confirmar, refutar o considerar irrelevantes estas disquisiciones.
Comenzando a avanzar un poco sobre parte de la literatura sobre la distribución funcional (DFI) nos ha surgido un problema, una duda, una inconsistencia o como quieran llamarla. La DFI (o “Cuenta de Generación del Ingreso”, según el INDEC) consta de (según el enfoque y las fuentes disponibles) de al menos dos partes: la remuneración al trabajo asalariado (RTA), también llamada desde otros trabajos “participación del trabajo en el producto” y la retribución al capital.
Recordemos que la RTA (por ejemplo,
acá, acá y acá...) se calcula a partir del ratio entre la “masa salarial” y alguna medida del producto para un período t. La masa salarial, a su vez, se obtiene como el producto entre los asalariados ocupados y el salario medio en ese momento t. Este cálculo puede efectuarse a diversos niveles de desagregación (por rama, por provincia, por sector “institucional”). Lógicamente, existen supinas diferencias entre las diversas maneras de calcular todos estos indicadores.
Ahora bien, conceptualmente la RTA intenta cuantificar la participación de a) los “salarios” en el producto o bien b) del “trabajo” (que se asume como sinónimo de “trabajadores”) en el producto. He aquí el problema: nos hacía (nos sigue haciendo) ruido la manera en que se construye la RTA. Más específicamente, nos hacía ruido (nos sigue haciendo) las diferentes fracciones sociales que se incluyen bajo la categoría “asalariado”.
En efecto, el concepto de asalariado que utiliza el MECON para su cálculo de la RTA (y que palabras, palabras menos es el mismo en todo el Sistema Estadístico Nacional) es: “Existe una relación entre el empleador y el asalariado cuando hay un acuerdo, que puede ser formal o informal, entre una organización y una persona, normalmente voluntario para ambas partes, en virtud del cual la persona trabaja para el empleador a cambio de una remuneración en dinero o en especie” (tomado de
acá). He aquí un concepto lo suficientemente ambiguo como para que se cuelen, se mezclen, se fundan cosas bien distintas.
Si lo pensamos con cierto detenimiento veremos que bajo la categoría de “asalariados” se subsumen una serie de fracciones y relaciones sociales bastante diferenciadas. Para no hacer demasiado larga la discusión, diremos que en un “extremo inferior” los trabajadores no calificados de ramas industriales (lo que uno llamaría el “núcleo” de la clase obrera industrial”) y como un “extremo superior” los directivos, gerentes, funcionarios de las grandes empresas de capitales “grandes” e incluso, los altos funcionarios del aparato del estado. En el “medio” encontramos a los “profesionales asalariados” (médicos, abogados, contadores, que no ejercen “por su propia cuenta”, sino que lo hacen en una empresa y recibiendo una remuneración).
Difícilmente podrían considerarse a grupos tan diversos como asimilables entre sí. Esta distinción no es antojadiza, sino que sobre la misma (y, obviamente, sobre otras) se fundan los debates contemporáneos (y no tanto) respecto a la evolución moderna de la(s) estructura(s) social(es) del capitalismo moderno. Toda esta discusión puede resumirse esquemáticamente en una pregunta: ¿son los gerentes, directivos y altos cargos gerenciales empresariales parte de la “clase trabajadora” o de la “burguesía” (patronal, empresarios, o como quiera conceptualizársela)? Acá, se resumen (con ciertos sesgos) algunas de estas discusiones.
Se trata entonces de plantear que “directivos” y “trabajadores” se insertan en diferentes relaciones sociales. Efectivamente: no existen en la estructura social, solamente posiciones “capitalistas” y “asalariadas”. Existen toda una serie de posiciones, que a falta de un término mejor, llamaremos “intermedias”, las cuales, si bien se encuentran articuladas al proceso general, tienen una serie de especificidades que hacen difícil asimilarlas a uno u otro polo.
Es por ello que incluir en un mismo grupo trabajadores y directivos resulta problemático a los efectos de evaluar el peso del “trabajo” sobre el producto. En realidad, creemos, el problema es más teórico que metodológico. Si se parte de la noción de los “factores de la producción”, dónde cada factor se retribuye: el trabajo (con salarios), el capital (ganancia), la tierra (renta) no tenemos problemas.
Pero hete aquí que, justamente, lo que no logra ver éste enfoque es la diferencia entre “trabajo” y “fuerza de trabajo”. Si de “trabajo” se trata, los empresarios también trabajan y lo mismo los (mal conceptualizados) cuentapropistas. Aquí debe hacerse la distinción entre las diversas “funciones” del trabajo. La misma denominación del indicador (“funcional”) debería advertirnos de este problema. La “fuerza de trabajo” o “capacidad para trabajar” es una cosa bien distinta. No entraremos (en este blog) en una discusión que ha ocupado 100 años. Nos limitaremos a plantear como hipótesis que el gerente no vende “fuerza de trabajo”, sino que, a lo sumo, proporciona un servicio (gestionar uno o varios procesos complejos de producción, cuyo fundamento es su capacidad, su conocimiento, su “managment”).
Es claro que desde la perspectiva “empresarial” ésta distinción es ociosa. Tanto salarios pagados a los trabajadores como remuneraciones a los gerentes constituyen desde el punto de vista de la contabilidad “costos”. Sólo importan en tanto tales y como “erogaciones” que debe realizar la empresa.
Se nos dirá, “ésta es una visión sociológica del asunto que en términos ´cualitativos´ funciona muy bien, pero a los efectos de lograr una cuantificación resulta problemática”. Sin entrar en discusiones metafísicas en torno a la “calidad” y la “cantidad", diremos que lo aquí planteamos no invalida una cuantificación del peso de la masa salarial en el producto y, como tal, un indicador del peso de los trabajadores en la economía nacional. Solamente se propone plantear el problema y pensar en alguna forma que permita “depurar” el cálculo y dotarlo de una mayor validez; es decir, que se adecue mejor al concepto que intenta medir/cuantificar. Quizás hace 30 años resultaba complejo (e incluso imposible) lograr esta diferenciación, pero hoy existen una cantidad de datos que deberían permitir una aproximación al problema: las bases de la EPH constituyen un primer insumo fundamental.
Sin embargo, los problemas no son sólo teóricos. Si bien es presumible que el peso numérico de estas fracciones gerenciales sea relativamente bajo, cabe pensar que los “salarios” que perciben se encuentren entre los mayores de la estructura social argentina. De esta manera, cabe plantearse ¿cómo se modificaría la RTA si se excluyeran de su cómputo las remuneraciones de estos sectores gerenciales? A los efectos de no quedarnos en la “crítica estéril” presentamos el siguiente cuadro:

Se exponen algunas medidas descriptivas del ingreso de la ocupación principal de los asalariados del total de los aglomerados urbanos, calculados en base a la EPH. Para que no jodan con “la intervención” del INDEC, los hemos calculado sobre los microdatos del 4to. trimestre de 2006 (es decir, previo a la “patota violenta e interventora”).
Como puede verse, todas las medidas de tendencia central muestran que los ingresos de las ocupaciones directivas y profesionales resultan claramente superiores a los de las ocupaciones técnicas, operativas y no calificadas. La media de las remuneraciones de las ocupaciones de dirección es de $2700, la de los profesionales de $1393. En cambio, las de los asalariados operativos y no calificados, de $1016 y $498, respectivamente.
No sólo eso. Si calculamos la participación de los dos primeros grupos de ocupación en el ingreso total, veremos que aportan el 15,1%, es decir, que casi igualan la participación de los asalariados no calificados (14,5%). Esto se convierte en indicador de la importancia de estos sectores. Y nos provee un indicador del peso de éstos sectores en el total de “salarios” erogados en la economía argentina.
“Conclusión”: si uno deseara utilizar la RTA como aproximación a los “costos”, como aproximación a los “coeficientes técnicos” de la economía, puede utilizarse tal y como está calculada. Si, en cambio, se desea estimar la participación de los trabajadores, entonces debería repensarse la forma de construcción de éste indicador, al menos, para aislar el efecto que tiene los directivos sobre esta participación. Estamos preparando unos calculitos que intentarán aportar más elementos empíricos a estas cuestiones. En cuanto estén, los subiremos, como siempre…

jueves 5 de noviembre de 2009

Los postmodernos, contentos


A diferencia de lo que dicen muchos postmodernosos, a mi me gustan mucho más textos como "Las estructuras elmentales del parentesco" o "Antropología estructural". Esos son los aportes de Levi-Strauss al conocimiento científico (discutibles, polémicos, pero asi funciona la construcción de conocimiento) y no una autobiografía intelectual.
Desde acá, un saludo al último tipo que pensó que había estructuras y que valía la pena conocerlas.
Addenda (8/11/2009): Gracias a Esteban S. encuentro la mejor necrológica que leí hasta ahora. Cito el párrafo que la sintetiza: "Como quiera que sea, comparado con el interpretativismo parvulario que después se quiso imponer desde Norteamérica, Lévi-Strauss luce como un titán."

martes 15 de septiembre de 2009

Sobre el desplazamiento de explotaciones agropecuarias en el agro argentino. Datos preliminares del Censo Nacional Agropecuario 2008.

Han salido publicados algunos datos preliminares sobre el Censo Nacional Agropecuario del 2008. Calculamos las tasas medias anuales de variación de las explotaciones entre el total de cada una de las provincias. Solo excluimos Corrientes porque según el informe el operativo no había relevado el total del territorio provincial.

Desplazamiento de EAP´s por provincia y región (1988-2008)

Una lectura rápida y superficial… Han desaparecido 49.853 explotaciones, lo cual supone una tasa media anual de desplazamiento de -2.61%. Si se considera que entre 1988 y 2002 esta tasa era de -1.43%. Esto implica que se ha incrementado el ritmo de desaparición de explotaciones agropecuarias a nivel del total del país.

Al verlo por provincia se nota que las que mayores desplazamientos han experimentado son: Buenos Aires, Santiago, Tucumán, Mendoza, Río Negro, Neuquén, Entre Ríos y San Juan, todas con valores superiores al total del país. Todas a su vez, han aumentado el ritmo de desplazamiento anual medio en relación al período intercensal 1988-2002. Entre ellas concentran el 85.74% del total de explotaciones desaparecidas entre 2002 y 2008.

El caso de Buenos Aires es notorio porque ha duplicado la velocidad de desplazamiento de explotaciones entre 1988 y 2008. Pasa de una tasa media anual de -2.31% (1988-2002) a una de -6.66%. Pero mucho más impresionante es el de Santiago del Estero que ha incrementado en 75 veces la velocidad de desplazamiento: la tasa media anual de variación era entre 1988 y 2002 cercana a cero, en el período 2002-2008 pasa a ser de 4.42%. A su vez, concentra el 11% del tota de explotaciones desaparecidas.

Con respecto a las que presentan una tasa media anual de desplazamiento inferior a la del total del país, destaca el caso de Misiones quien también casi quintuplica su ritmo de desplazamiento.

Con todas las limitaciones que supone hacer un conteo de explotaciones (no ver desagregación interna, ni superficie, etc), sumado a las dudas razonables que este CNA puede generar en función del contexto en que se dio el operativo, mas el “morenismo”… parece interesante ver que el desplazamiento no es exclusivo de la zona “pampeana”, tampoco de al zona típicamente sojera. Más bien parece tratarse de un proceso generalizado en la estructura social agraria. En todas las regiones se dan tasas de desplazamiento elevadas y que han incrementado su ritmo en relación al período intercensal anterior. ¿No será de un proceso más general, de un proceso que no tiene solo que ver con un solo cultivo?

Como para ir tratando de superar ciertos reduccionismos, ¿no?